Cuando
decimos que algo es sostenible nos referimos a la viabilidad para llevarlo a
cabo. Si una cosa se puede sostener es que tiene cierto equilibrio y por ello es
capaz de seguir su curso sin ocasionar problemas. No obstante, esta definición
se queda corta.
La
sostenibilidad es un término que ha ido ganando popularidad y trascendencia en los
últimos años, debido a los acontecimientos que hemos podido presenciar y los
nuevos estudios divulgados en materia medioambiental. El Grupo Intergubernamental
de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) publicó en 2019 un informe que
recoge los efectos que produciría un aumento de temperatura de 1,5ºC respecto a
niveles preindustriales:
“Los nuevos conocimientos evidencian un incremento de los riesgos de escasez de agua en las tierras áridas, daños por incendios, degradación del permafrost e inestabilidad del sistema alimentario, incluso en un escenario de calentamiento global de aproximadamente 1,5 °C” (Masson-Delmotte).
La
problemática deja a la humanidad con cierta incertidumbre que solo puede disiparse
viviendo sin comprometer las vidas de los que vengan, estableciendo un
equilibrio entre el crecimiento económico, el bienestar social y el cuidado
medioambiental. Este es el verdadero significado de dicho concepto.
La
sostenibilidad está relacionada con el día a día y la vida misma. Puede
aplicarse a todos los campos del ser humano y es nuestra responsabilidad que
así sea. Por ello, también puedes ponerla en práctica en el vínculo que estableces
con lo que tienes. Solo las relaciones sostenibles son capaces de aportarnos
bienestar.
A lo
largo del blog podrás servirte de numerosos consejos con los que aprender a tomar
decisiones respaldadas por este principio.

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