En
aquellos momentos en los que parece que está todo perdido, la creatividad es un
recurso indispensable. Gracias a ella somos capaces de renovarnos y explorar caminos
alternativos para llegar a mejores soluciones. Por ello, también puede
servirnos para alargar la vida de nuestros productos.
La
reutilización es una práctica en la que decides no despedirte de algo con el
fin de emplearlo para otro ámbito. No debe confundirse con la reparación, que
se basa en remediar los daños presentes en el objeto para que pueda volver a
desempeñar su función. Ambas iniciativas han acompañado al ser humano desde sus
inicios y son fundamentales para un desarrollo sostenible.
Personalmente,
soy un gran partidario de la primera porque tiene menos condicionantes y muchas
más ventajas. Mientras que reparar un producto puede no ser viable, la
reutilización (de todo o una parte) siempre conducirá a una solución.
Los
beneficios que trae consigo este ejercicio resultan de su fuerte vínculo con
las ideas, que son transmisibles y replicables, por lo que pueden ser de
utilidad para más personas a parte de ti. Además, la reutilización también puede
ayudarnos a ahorrar y aumentar el valor afectivo hacia nuestras posesiones.
Si
quieres tener éxito a la hora de reutilizar un objeto, ten en cuenta las
propiedades de éste y adecua la información que te aportan con el nuevo uso. Un
profundo análisis te ayudará a ver qué puertas están cerradas, es decir, los
usos en los que la aplicación de dicho producto sería inviable. Así mismo,
piensa qué modificaciones podrías realizar teniendo en cuenta las herramientas
de las que dispones para ello. Dibujar te ayudará a plasmar tus propuestas,
aunque, antes de nada, busca en la red. Es probable que a alguien ya se le haya
ocurrido algo.

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