Fase 4 - Segundas oportunidades




En aquellos momentos en los que parece que está todo perdido, la creatividad es un recurso indispensable. Gracias a ella somos capaces de renovarnos y explorar caminos alternativos para llegar a mejores soluciones. Por ello, también puede servirnos para alargar la vida de nuestros productos.

La reutilización es una práctica en la que decides no despedirte de algo con el fin de emplearlo para otro ámbito. No debe confundirse con la reparación, que se basa en remediar los daños presentes en el objeto para que pueda volver a desempeñar su función. Ambas iniciativas han acompañado al ser humano desde sus inicios y son fundamentales para un desarrollo sostenible.

Personalmente, soy un gran partidario de la primera porque tiene menos condicionantes y muchas más ventajas. Mientras que reparar un producto puede no ser viable, la reutilización (de todo o una parte) siempre conducirá a una solución.

Los beneficios que trae consigo este ejercicio resultan de su fuerte vínculo con las ideas, que son transmisibles y replicables, por lo que pueden ser de utilidad para más personas a parte de ti. Además, la reutilización también puede ayudarnos a ahorrar y aumentar el valor afectivo hacia nuestras posesiones.

Si quieres tener éxito a la hora de reutilizar un objeto, ten en cuenta las propiedades de éste y adecua la información que te aportan con el nuevo uso. Un profundo análisis te ayudará a ver qué puertas están cerradas, es decir, los usos en los que la aplicación de dicho producto sería inviable. Así mismo, piensa qué modificaciones podrías realizar teniendo en cuenta las herramientas de las que dispones para ello. Dibujar te ayudará a plasmar tus propuestas, aunque, antes de nada, busca en la red. Es probable que a alguien ya se le haya ocurrido algo.

Marko Menester

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