Cuando un cambio brusco azota nuestras vidas debemos asimilarlo con el propósito de adaptarnos e impedir que nos desestabilice. Algo parecido tendrás que hacer cuando veas que los bultos que te oprimían pasan a ser huecos. Serán necesarias algunas modificaciones para evitar la irregularidad y convertir tu espacio en un lugar agradable y funcional.
Aquí te dejo algunos consejos que te ayudarán en esta tarea:
1. Evita el horror vacui: a veces parece que, si sobra espacio, debemos llenarlo para lograr cierta armonía. Esta actitud puede llegar a resultar intuitiva, como si tuviésemos un folio en blanco y pinturas con las que cubrirlo de color. Por ello, es importante tener siempre presente la situación en la que nos encontrábamos en la Fase 1, con el objetivo de no recaer en malos hábitos de nuevo.
2. Ten claras tus prioridades: antes de ponerte a reestructurarlo todo sobre la marcha, siéntate y piensa. Analiza qué necesidades cubre esa zona y cómo interactúas con ella en tu día a día. ¿La compartes con más personas? ¿Cuáles son sus puntos buenos y malos? ¿Qué tipo de objetos conviven ahí? ¿Cómo te relacionas con ellos? Establece un contexto claro sobre el que puedas decidir a qué quieres llegar.
3. Ordena con lógica: sitúa aquellas cosas que utilices a diario en puntos de fácil acceso, es decir, que al cogerlos no tengas que agacharte ni emplear un soporte para alcanzar un estante alto. Reserva las zonas que requieran dichas adaptaciones para los productos que no emplees con tanta frecuencia.
4. Considera lo que no ves: aquellos contenedores cerrados que guardan y protegen nuestras cosas (cajas, cajones, baúles, armarios…) pueden ser barreras visuales. Con el paso del tiempo, siempre que no recurras a ellos habitualmente, acabarás olvidando lo que hay en su interior. Te recomiendo adjuntar una pequeña etiqueta que recoja todo lo que mantienes en ese espacio. Sitúala según prefieras en el exterior o interior, teniendo en cuenta que puedas recurrir a ella sin problemas. De esta manera, si un día no encuentras algo, no tienes por que andar rebuscando, basta con consultarla.
5. Ten en cuenta la limpieza: seguro que más de una vez has tenido que recolocar decenas de cosas mientras quitabas el polvo de tus muebles. Un hogar despejado no solo hará que esta tarea sea más rápida y sencilla, sino que favorecerá la durabilidad de tus objetos. Intenta no tener la mayoría de tus pertenencias sin cubrir. Las superficies lisas y regulares son tus amigas. Las vitrinas u otras transparencias son de gran ayuda para reducir la acumulación de polvo sin establecer una ‘pared’ opaca. Puedes dejar algunos objetos al aire siempre y cuando no se conviertan en un impedimento.
6. Si es bonito, te hará más feliz: no atribuyas toda la importancia a la practicidad del entorno. De lo contrario, puedes acabar con una habitación aburrida y triste. Sé creativo/a y experimenta. Una vez que tengas claro cómo quieres que funcionen las cosas, aporta un toque atractivo. Un cuadro o una planta pueden tener un gran impacto. Si tu presupuesto lo permite, tal vez sea interesante cambiar algún mueble o aplicar una mano de pintura.
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