A pesar
de que estamos en contacto con productos todos los días, no sabemos casi nada de
ellos. Desconocemos cómo se hacen, no entendemos bien los materiales que los
componen, ignoramos qué sucede cuando los tiramos... La respuesta a estas y
otras incógnitas parece de escasa relevancia para nuestro día a día, pero lo
cierto es que puede llegar a ser un condicionante importante en nuestra compra.
Cuando decidimos
adquirir un producto que irremediablemente es caro, como un ordenador, solemos
informamos sobre cómo funciona y las características de las partes que lo
componen. Esto nos ayuda a escoger un modelo específico para nuestras
necesidades. El proceso que seguimos no deja de ser una aproximación a la
identidad del objeto.
La
identidad del objeto es aquello que le hace ser como es. Parte de múltiples
campos: su aspecto, la función que desempeña, las características del usuario y
su experiencia en la interacción, la normativa que cumple, el material del que
está hecho, el proceso productivo, la tendencia de diseño que sigue, la
ergonomía y un largo etcétera. Conocer bien estos factores es una forma más de comprender
el mundo que te rodea, ya que cualquier cosa es susceptible de ser un producto.
Mientras
que dar una respuesta a los primeros es relativamente sencillo, no solemos
tener el conocimiento suficiente sobre los demás. La duración de la vida útil
del producto, el respeto con el medio ambiente o la posibilidad de que pueda
acabar causándonos una lesión son cuestiones que dependen en gran medida de
ello.
Por
poner un ejemplo, la gran mayoría de ratones de ordenador que podemos encontrar
actualmente no ofrecen una solución correcta para la anatomía de la mano y el
antebrazo, lo que puede provocar a la larga daños en la muñeca y/o síndrome del
túnel carpiano. Otro escenario
a destacar es el problema del plástico. Se trata de un material que está
causando mucha preocupación y lleva años vendiéndose como ‘reciclable’. Es
cierto que pueden conformarse nuevas manufacturas a partir de plástico
descartado, no obstante, este proceso no está libre de inconvenientes. No todos
los plásticos son igualmente reciclables y, cuando sí lo son, suelen mezclarse
con material virgen para que el producto mantenga unas propiedades óptimas. Las
tipologías más empleadas se destinan mayoritariamente a objetos efímeros (envases)
y, en contraste, pueden permanecer décadas y siglos intactos, sin ser
reincorporados al ciclo terrestre.
Éstas y
otras muchas situaciones ponen en evidencia el valor de conocer bien nuestros
objetos. Como consumidores debemos reflexionar y cuestionar toda la información
que se nos proporciona, así como solicitar y/o buscar más para tener en cuenta
si lo que estamos a punto de comprar puede perjudicarnos.

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